
Ayer, luego de la derrota argentina miré el partido Brasil – Chile, donde el equipo carioca volvió a dar cátedra de cómo jugar un fútbol simple pero efectivo.
Ante cada ataque brasileño, con laterales y volantes que abastecen a delanteros con movilidad y astucia, repetía mentalmente los movimientos de los jugadores argentinos.
Ver a los “suplentes” del equipo de Dunga, resolver un partido complicado con tanta simpleza, hizo que sintiera una sana envidia.
Los “europeos” brasileños, al contrario de los nuestros, juegan como lo hacen en sus equipos. Van a cada pelota como si fuera la última, y sin embargo, no sufren el partido. Lo disfrutan.
Tal vez allí esté la mayor de las diferencias. Porque los nuestros sufren, discuten y ahora golpean desde que comienza el partido hasta que termina. Para muestra, allí está Gago, que habla mucho más de lo que juega y que, al igual que Messi frente a Brasil, perdió la pelota que derivó en el gol paraguayo, por intentar hacer una de más. Una de más, que los brasileños nunca hacen.
Dicen que las comparaciones son odiosas. Pero en el fútbol, deporte que se juega con los pies, pero también con la cabeza y el corazón, nunca con la boca, sirven y mucho para sacar conclusiones.
¿Qué le pasa a la selección argentina?. En los últimos años se ha fagocitado a tres técnicos (Bielsa, Pekerman y Basile) y no encuentra respuestas ni futbolísticas ni emocionales con Diego Maradona.
Luego del partido con Brasil cargué las tintas sobre el técnico, en una nota que publiqué en el quincenario Estadio. Luego de Paraguay, creo que el cuerpo técnico es responsable solo en parte.
Porque si algo no se le puede discutir a Maradona, son sus ganas y su amor por la camiseta. Amor y ganas que los jugadores no trasladan a la cancha.
Porque este equipo, además de ser táctica y estratégicamente de lo peor de los últimos años, es un equipo sin alma, que no transmite nada como quedó demostrado en el silencio de la hinchada en la cancha de Central.
Pero esto no es nuevo, desde el alejamiento de Bielsa (uno de los mejores técnicos del mundo), la selección ha ido perdiendo identidad hasta transformarse en un “cuadrito”, como decíamos en el barrio.
Cada presentación de la Selección es un cachetazo a las ilusiones de los que amamos el fútbol y creemos que lo mejor es jugar bien y con ganas, porque es así que se ganan la mayoría de los partidos.
Nuestra selección está batiendo records negativos: nunca había perdido de local en Rosario, nunca había caído derrotada dos partidos seguidos por eliminatorias. Ahora si.
Bielsa había iniciado una renovación de jugadores que nunca se concretó totalmente, Pekerman no pudo –o no quiso- meter baza en los “históricos”. Basile se fue dando un portazo y se llevó las razones –equivocadamente- a su casa.
Justamente Basile. Un “duro” del fútbol. Un día dijo basta y se fue sin hablar. Por lo menos debería habérselo contado al nuevo técnico. Diego debería saber las razones que llevaron al Coco a tomar tal decisión. Porque si como se sospecha los responsables siguen adentro, estamos repitiendo la historia.
Los jugadores argentinos, tienen al mejor jugador de todos los tiempos sentado en el banco, sin embargo, parecen no recibir nada de él, ni siquiera sus ganas.
Los “europeos” argentinos –y vuelvo a las comparaciones- son apenas sombras de los que brillan en sus equipos.
¿Qué necesita Messi para ser en la selección lo que es como estrella del Barcelona?. Tiene el cobijo y la libertad dentro de la cancha que no tiene otro, sin embargo este Messi es una copia grotesca del mejor jugador de Europa, y así podríamos nombrar uno por uno (ya ni se salva Mascherano), pero lo sintetizamos en él porque tiene las cualidades técnicas para ser el mejor.
Dátolo, un jugador con limitaciones técnicas, marcó el camino frente a Brasil. Un camino que apenas Verón recorrió. Los demás, bien, gracias, siguieron en la suya.
Lo malo es que “la suya” es la indolencia, la falta de actitud, de coraje, de fútbol y de corazón. Algo que, repito, viene de arrastre.
Parece haber llegado el momento de la cirugía mayor y otra vez podemos de aprender de Brasil. Un día, hace ya tiempo, Dunga cometió la osadía de limpiar a Ronaldo, Roberto Carlos y Ronaldinho entre otros. Hoy, pocos se acuerdan de eso, pero fue el comienzo del resurgir de la selección brasileña y hoy la “torcida” debería estar por lo menos agradecida.
Es cierto que eso le costó críticas despiadadas y hasta a veces mal intencionadas. Es cierto que tuvo que soportar la presión de gran parte de la prensa que no entendía que ese paso era doloroso pero necesario.
Hoy, la selección argentina ha llegado a un punto parecido. La deferencia está en que Dunga lo hizo luego de un mundial y Diego debería hacerlo de cara a él.
Ha llegado el momento de sacar las “piedras” del camino. Si Maradona no lo hace, sus compromisos no se lo permiten, o simplemente no quiere, su futuro será el de los 3 técnicos que lo precedieron y nosotros, los que amamos el fútbol , seguiremos “sufriendo” a esta selección, tanto o más como algunos jugadores sufren los partidos.