A la Liga Nacional se la ha querido y protegido como a un hijo, y en esta sobreprotección se ha condenado como herejes a quienes osen hablar mal. Es entendible para una liga que estaba en pleno génesis, desarrollando y gestando su estructura, pero 25 años después las exigencias, el mundo y la visión no son las mismas.
Esta es la Liga que potenció al básquetbol argentino, la que nos puso de pie en el plano internacional, nos sacó campeón olímpico, una liga de primer mundo, la que fundió clubes y dirigentes, la que vio pasar recursos monetarios para que hoy haya micros de jugadores y estadios en condiciones tercermundistas. Y lo que es peor, un futuro extremadamente condicionado para los clubes por los pasos que se tejen en la actualidad.
Suena como una dicotomía que se hable de un escenario caótico en vísperas de una temporada que muchos clubes han gasto mucho dinero para armar sus equipos. Sabemos que el vicio es un problema moral y el opuesto de la virtud. La repetición del vicio es lo que conduce al final. Pero como se observa en filosofía con frecuencia se nos perdonan más fácilmente nuestros vicios que nuestras virtudes
No hay que olvidarse que el paradigma de esta competencia es: “Hace liga el que puede no el que quiere”.
Esta frase debería estar incluida en el “Manual de Zonzeras Argentinas” de Arturo Jauretche. Es una petición en donde se desconoce que todo el Universo material es para quien puede y no para quien quiere. Ni en la Rusia marxista de Lenin las cosas eran para el que quería. Siempre es para el que puede, mucho más en nuestro occidental mundo capitalista.
Esta obviedad de que “la Liga la juega el que puede” ha generado (de modo inconsciente) el siguiente problema: “No importa en que gastos se incurran, si no te gusta te vas, la liga es para el que puede pagar”. Lo curioso no es la frase sino que los clubes, en relación a esto, aceptan gastos que terminan condicionando su propia suerte.
En esta nota, demasiado corta para ser una tesis y demasiado larga para una nota de opinión, al menos se buscará el análisis profundo de los males que la competencia no ha sabido resolver y que tienden no sólo a conspirar contra el desarrollo sino ya directamente ponerse un revolver en la cabeza y jugar a poner una sola bala en un tambor vacío de seis.
El origen de los problemas
En la Liga Nacional se mueven en total (aproximadamente) 58 millones de
pesos (15.6 millones de dólares) anuales entre salarios y gastos
operativos. La Televisión (contrato con Torneos y Competencias) aporta
8.5 millones de pesos (2.3 millones de dólares). La Asociación de
Clubes tiene contratos de publicidad corporativa para sus 16 socios con
12 sponsors que en algunos casos dan coberturas o canje y en otros,
dinero, que en la mayoría de las veces, no se reparte sino que se
guarda en un fondo común para los juicios de los árbitros para cuando
se van retirando.
Esta situación que comenzó con el juicio laboral (por aportes
jubilatorios y demás) ganado por el ex árbitro Jorge Morillo destapó un
problema que afecta a los clubes de manera directa. El dinero
corporativo que entra, en su mayoría, no va a los clubes sino al retiro
de los árbitros. Hay que decir que la Liga Nacional de básquetbol es la
competencia mejor sponsoreada de los deportes por equipos después del
fútbol en la República Argentina.
Cada club necesita entonces conseguir por temporada entre 2.5 y 3.0
millones de pesos para hacer liga nacional. En este análisis no se
discute si el salario de los jugadores, técnicos, árbitros, es elevado,
solo se toma en cuenta el fondo del problema. Los equipos de mitad de
tabla para abajo tiene un presupuesto de 2.5 a 3.0 millones y los de
punta de 4.0 a 6.0 millones (en teoría porque a veces gastan para ser
de punta y no lo logran).
¿Cómo hace un club para conseguir ese dinero?
En valores relativos un sponsor de 150 mil pesos la temporada (contrato
de 10 meses) es un gran sponsor. Se necesitan 20 de ellos. ¿Se puede?.
Muy difícil. ¿Entonces?. Los dirigentes de cada club apelan a
diferentes recursos para llegar a ese dinero: llámese sponsor
extraordinario, Municipalidad, Gobernación.
En la argentina el patrocinio de franquicia no tiene mucho uso. Lo
utilizó un tiempo (y desapareció
Conarpesa Madryn, luego siguieron
Regatas de San Nicolás (Regatas Proms) más acá en el tiempo El Nacional
Monte Hermoso, Bahía Blanca Estudiantes (ambos con patrocinio de la
Municipalidad) y Zanella Ben Hur.
Para que una empresa otorgue (digamos) un millón de pesos en
sponsorización y el club beneficiado se lo devuelva en gestión de
Marketing debería darle espacios que no sólo intercomuniquen al público
que concurre al básquetbol sino que llegue a diferentes esferas para el
trabajo de solidificación de marca y las diferentes características
técnicas que una empresa se plantea a la hora de sponsorizar.
¿Por qué no se invierte publicidad en basquet?
Si un club de nuestra liga nacional le devuelve a su sponsor acciones
de marketing tales como: una valla en un estadio (donde 12 de los 16
equipos no superan los 1500 espectadores de promedio), un par de
promotoras, la voz del estadio, publicidad en el parquet, el pantalón o
remera de los jugadores, es muy difícil que esas mínimas propuestas le
devuelvan al sponsor el dinero invertido. Si el dinero que se invierte
en publicidad debe devolverse con 4 partidos al mes para 1500 personas,
como se ve, la oferta es muy corta para que sea seductora.
Ser el sponsors principal de un equipo significa tener la parte
delantera de la camiseta. Los clubes de Liga en promedio son
televisados 3 a 5 veces por temporada, por un canal de cable (TyC
Sports) que a veces utiliza su segunda señal (menos vista) cuando el
fútbol se lo impone (TyC Max).
Incluso en la serie final más mediática de la historia como fue Atenas
– Peñarol de la 08/09, la empresa que tiene los derechos televisivos le
otorgó la fría señal de TyC Max para uno de los partidos. No hubo
programas especiales por la misma señal que alentaran a ver lo que en
el ámbito del básquetbol se vivió como una fiesta sin precedentes (más
de 50 mil personas en 6 partidos). Para que en Capital Federal haya 50
mil personas viendo basquet de Liga en la cancha deben pasar dos
temporadas completas de local, tanto para Obras Sanitarias como para
Boca Juniors.
Es posible que el hincha común no sepa que en el negocio de la
televisión la forma más fácil de vender es que el Rating de las
emisiones de los partidos sea alto. Se mide en Capital Federal y desde
ahí se crea un parámetro para las grandes empresas. Las Megas finales
entre Peñarol y Atenas midieron 0,25 de audiencia. Un partido común de
Liga Nacional mide 0,8 a 0,10. Imposible.
Mucho más cuando cualquier partido (hablo de cualquier partido) de
fútbol de la “B” metropolitana mide 1,00 (5 veces mas que las finales),
Boxeo de primera también mide 1,00 ejemplos apenas que sirve para negar
la venta del básquetbol en Capital Federal.
Claro que es una lástima porque en las transmisiones la calidad técnica
es internacional, de primer nivel europeo, los camarógrafos conocen a
los jugadores hasta por el apodo, son excelentes para captar el momento
o no de las repeticiones, los directores tienen sentido y conocimiento
del básquetbol, altísimo nivel periodístico y con semejante producto,
aun así no se venden.
A juicio de quien esto escribe es el propio TyC Sports el culpable de
crear a Frankenstein. Nadie paga casi dos millones y medio de dólares
por temporada para perder. Bueno, casi nadie. A esta señal le
convendría. Los motivos pienso dejarlos de lado (en todo caso que lo
diga la gente) porque son problemas de TyC Sports, pero los problemas
del básquet son justamente quedarse en una señal que le pisa el
crecimiento.
La ecuación del convenio TyC Sport – AdC es dinero inmediato, mucho,
fresco que se llevan los jugadores y los agentes igual a escasa
difusión, nulo mercadeo y apenas una transmisión por semana.
¿Porque la televisión como eje?
Hay mucho material de estudio al respecto, pero uno que esta al alcance
de todos y es de fácil comprensión es el extraordinario libro de
Marketing del español Rafael Muñiz González (Marketing en el siglo XXI)
donde en el capítulo 9 habla de Comunicación integral y marketing.
Allí en el punto 6, inciso 6.1 sostiene: “En España, la televisión
sigue estando considerada como el «soporte rey». La fuerza que imprime
como medio de comunicación es tal, que se ha convertido en un auténtico
poder fáctico a escala social, de tal forma que los gobiernos,
conscientes de su importancia, intenten mantener un seguimiento férreo
sobre el medio.
El atractivo de la televisión como medio de comunicación para los
anunciantes radica principalmente en la posibilidad que ofrece de
llegar a un número elevado de consumidores. Su único obstáculo radica
en que exige una gran inversión de capital para superar el «umbral de
audiencia» que no es ni más ni menos que el número mínimo de anuncios
necesarios para que el mensaje sea captado por el consumidor.”
Esta visión, obviamente, es aplicable a la Argentina. El lugar más apto
para devolver la inversión de un millón de pesos de pauta publicitaria
es la televisión, decididamente en la TV abierta y especialmente en los
canales de Capital Federal que comunican sus anuncios a casi todo el
país. Justamente un lugar donde el básquetbol de liga nacional no ha
estado y no estará de continuar la misma política.
Por lo tanto es impensando que una marca nacional, que no tenga que ver
con el básquetbol, ponga una suma de dinero tal que no obtenga un
beneficio recíproco que justifique dicha inversión.
Queda como hecho fundamental (y aquí la palabra cobra fuerza, porque
justamente es el acto fundacional de la acción de marketing) lo que los
Medios transmitan de ese sponsor. Vale decir, tal como sostenía en una
charla privada con el ex gerente de Marketing de la Asociación de
Clubes, Guillermo Ricaldoni, cuando una empresa toma el patrocinio de
una competencia “hay libros de logaritmos completos que evalúan cuanto
dinero se debe invertir en los medios durante el patrocinio del evento
o competencia”. Esto dentro de una sponsorización sana y lógica. Algo
que nuestra liga carece. Digamos, si la empresa Coca Cola toma el
patrocinio de un equipo, implementa enormes recursos de publicidad en
rededor de esa franquicia.
Un hecho apenas anecdótico (en el marco de esta historia): en las
finales 06/07 Movistar dispuso en el estadio Polideportivo Islas
Malvinas de Mar del Plata inflables gigantes y una gran parafernalia de
acciones de marketing alrededor de las finales de Liga, que no pudo
continuar en Capital Federal porque en el estadio Luis Conde de Boca
Juniors apenas si ingresaban los fotógrafos en el campo de juego. Como
se ve no todo es “cuanto se paga”.
Dinero hoy vs dinero mañana
No hay muchas formas de llamarlo de modo diferente, pero el
“cortoplacismo” no solo es una modalidad de la política argentina.
Sirve para diferentes áreas: los dirigentes del básquetbol argentino
son consecuencia de nuestra clase política. Este país no acostumbra a
elaborar proyectos de 10 años o 20 años, por diferentes circunstancias
siempre el vaivén económico fue determinante a la hora de la toma de
decisiones: “venga la plata, después vemos que hacemos”.
Con este lineal pensamiento, un contrato como el que tiene la AdC con
la empresa Torneos y Competencia parece la panacea de todos los males.
Admito y sin excusas que durante gran parte de la vida de la Liga
Nacional el dinero de la televisión sirvió como trampolín primero y
luego decididamente como sostén. Los años 2000, 2001 y 2002, cuando los
jugadores argentinos no se preocupaban por si los equipos tenían 2 o 3
extranjeros, se iban a Europa sin preguntar quien queda, la Liga
sobrevivió haciendo subir jugadores de Liga B (tercera categoría)
directamente a la “A”. El dinero de la televisión por entonces fue un
soporte decisivo.
Es un vicio común tomar la parte por el todo. Digo: un análisis general
debe prescindir de las particularidades. Si la televisión fue sustento,
durante parte de la vida de la Liga, algo mal se habrá hecho durante el
resto de los años para que esto suceda y los clubes deban vivir sólo
del dinero del contrato de la tele. ¿No existían otros recursos?. Por
entonces No y la fundamentación es cuanto menos dolorosa.
¿Por Qué?
No hay sponsors si no hay negocio, si no es redituable para todos. Soy
uno de los tantos que se emocionó con la película “Luna de Avellaneda”,
pero los clubes pueden seguir siendo perfectamente Sociedades sin fines
de Lucro teniendo un Departamento de Liga Nacional con dirigentes
rentados, del primero al último, que una vez por año tenga que darle
explicaciones a la Comisión Directiva “ad honorem” que las
instituciones tienen. Pero quienes tienen la responsabilidad de
conseguir el dinero para hacer básquetbol profesional son los primeros
que deberían ganar plata.
Es curioso pero los dirigentes en nuestra liga (no todos) son personas
que encaran presupuestos de 5 millones de pesos por amor al club,
restándole horas de su vida a su familia, a su descanso y a su trabajo.
Cuando queda un resquicio, que no sea para correr detrás del dinero que
deben conseguir (como el conejo detrás de la zanahoria) piensan en el
desarrollo de la liga.
El ciclo formativo de conocimiento de los dirigentes es siempre el
mismo: empírico (prueba y error). Dura aproximadamente 5 años. Llegan a
la Liga y tienen al menos dos temporadas de derecho de piso para
conocer formas y modalidades del mercado, hacen experiencia, se cansan,
se funden, se aburren (en el mejor de los casos) y cuando ya saben al
menos situaciones necesarias para achicar los errores y comenzar a
desarrollar, se van o su club deja de hacer liga, o descienden o
desaparecen. Y lo que es peor, no se deja escuela.
Cuando se formó la Liga el máximo error fue no haber empezado por la
base de la estructura, que no son los jugadores, sino los dirigentes.
Está tan arraigado el hecho pasional del formato deportivo que tardó 20
años en agonizar este modelo.
Esta renovación de dirigentes eternamente juveniles, no por la edad de
los directivos sino por su conocimiento en el básquetbol profesional,
hace que el estamento más capacitado y profesional de nuestro
básquetbol sean los agentes de jugadores. Ajena a esta definición está
la mesa directiva de la AdC. También se podría agregar al periodismo
especializado que vive solamente del básquet pero el poder e influencia
en la toma de decisiones de mercado es sensiblemente menor a la de los
agentes.
Esta circunstancia de dirigentes apurados por llegar a la meta de
conseguir el dinero que el mercado establece como base provoca como
consecuencia la necesidad de un Mesías económico como al corto plazo
puede ser el dinero del contrato de la televisión. Es largo y complejo
pero muy interesante estudiar como se mueven las leyes de un mercado.
Por qué el basquet tiene el suyo y es conspirativo de su propio
gobierno.
Quien vende la Liga
Una buena explicación de falta de dirigentes profesionales dedicados al
básquetbol de Liga suplantados por directivos Ad Honorem que se acercan
a colaborar en los clubes es que la publicidad en el básquetbol no
llega como consecuencia de su alta exposición sino por “favores”,
“amiguismo”, o situaciones bien diferentes a la publicidad pura. Por lo
tanto un Gerente de Marketing de un club tiene más chances de ir al
fracaso que un dirigente que no cobra por su tarea, ya que éste
posiblemente sea cuñado, amigo o conocido de un gobernador, Intendente
o bien tenga una empresa que utilice a sus contactos para que formen
parte del proyecto basquet.
De tal manera se llega a la pregunta cero: ¿Cómo se puede vender un producto que no se ve, por más que éste sea jerarquizado?
En consecuencia se retoma el origen del problema: si para hacer liga se
necesitan más de un millón de dólares, si no se quiere depender de
recursos extraordinarios y en cambio si se pretende estar a favor de
tener un sponsoreo natural, ¿cómo se puede vender este producto tan
caro sin que haya difusión?.
Es una realidad que donde pisa el fútbol no crece el básquetbol. En la
Argentina el negocio del fútbol es arrollador y su ente (la AFA) tiene
el poder de un Ministerio más.
Por tal motivo si la empresa que televisa el básquetbol también tiene
los derechos del fútbol es imposible pretender que se le otorgue a esta
señal la necesidad de apostar al desarrollo del básquetbol. Imposible o
descabellado.
TyC Sports paga un dinero de Media Rights imposible de igualar para
otras empresas, pero otorga casi nula difusión. Hasta se parecería que
paga para pisarlo. Bien podríamos pensar que los clubes no tienen
porqué gastar este dinero en salarios y bien podrían hacerlo en mejoras
estructurales, pero justamente el dinero de la televisión es uno de los
parámetros con los que se rige el mercado.
Uno de los espejos permanente que tiene la AdC para debatir decisiones
es la liga de España (ACB). Allí se mira lo que se quiere, porque hace
unos años, la liga FIBA más poderosa del mundo se animó a dar de baja
el contrato con Canal+ perdiendo al corto plazo dinero para los clubes
pero ganando acuerdos en canales de aire de ciudades específicas donde
debía desarrollarse el producto. No suena real que nuestros dirigentes
de clubes se animen a tomar una decisión así, por más que en breve se
vean beneficiado.
Inversiones
No obstante el dinero que otorga el contrato televiso funciona como una
suerte de fuegos artificiales, son luminosos, coloridos, maravillosos y
lógicamente, como todo fuegos artificial, su duración es exigua, apenas
un detalle en el tiempo. Y la culpa no es de la televisión, sino de los
dirigentes de los clubes, que podrían hacer de ese dinero una brasa
duradera.
Si el contrato aporta alrededor de dos millones de dólares por
temporada y ese dinero en vez de ser repartido en los clubes se usara
en beneficio común, la AdC podría construir un estadio propio por año
(y regentearlo) en cada ciudad que creyera conveniente que haya liga.
Podría comprar un avión de 20 plazas para los devastadores traslados
que existen por nuestra geografía. Podría desarrollar Campus de
reclutamiento, de enseñanza y desarrollo por todo el país. Podría
ponerse aire acondicionado y generar instalaciones dignas en los
lugares donde ya haya un estadio propicio. Se podrían comprar
colectivos especiales para el traslado de los jugadores. Ese dinero
anualmente se va en el salario de jugadores, agentes, árbitros y
diferentes estamentos. Es decir, la difusión es la parte FUNDAMENTAL
DEL TEMA pero no todo tiene que ver con la decisión de salir o no del
contrato de TyC Sports.
La palabra inversión, en la Liga Nacional, no debe y no puede ser una
permanente utopía. Lo puede ser durante un par de años de malaria,
durante un lustro, o cayendo en la desgracia acaso una década completa
(y aún así no habría justificación), pero en la Liga no hay nada que
tenga que ver con la inversión, que no sea patriadas o corajeadas de
los propios clubes, como si la toma de conciencia fuera un acto
voluntario (si fuera así los chicos de la calle sabrían que trabajar es
digno).
Decisiones definitivas
Sospecho que la cúpula principal de la AdC no tiene un proyecto, o un
plan o bien no quieren salir de este formato. Cambiar de 6 a 7
nacionales, meter o sacar un sub 23, jugar con dos o tres extranjeros,
no son síntomas serios de tener un plan. Tampoco es Eduardo Bazzi el
dueño de los males de nuestro básquetbol porque su voto vale uno, esta
claro que su gestión sirvió para apuntalar el crecimiento pero lejos
está de poder darle un vuelco a la historia.
De todos modos si es responsable de su propio pensamiento. Y Bazzi pone
en los dirigentes de los clubes la responsabilidad final del destino de
la liga. Se requieren soluciones de fondo y no parches para no terminar
en una situación desesperante donde la suerte de Liga este siempre
atada directamente al humor económico del país.
Tanto Eduardo Bazzi, como muchos de los protagonistas de la liga,
defienden el “Modelo Deportivo”, como si este modelo fuera un bien en
si mismo.
El “modelo deportivo” imperante tiene el siguiente inconveniente:
Ninguna empresa seria toma una acción de inversión si tiene el 12.5%
librado al azar de que le levanten la franquicia, por más que sea un
éxito económico y de gestión.
Vale decir: Un club decide privatizar su área de liga Nacional. Elabora
un proyecto, donde se decide la construcción de un estadio, se compra
un micro a pagar en años, se establecen bases de sponsoreo, abonos
especiales para la gente, y acciones de marketing para que el público
acuda masivamente. Supongamos también que el proyecto resulta un éxito
absoluto, al club le queda dinero de la inversión proyectada, la gente
llenó la cancha pero el equipo desciende porque le fue mal en lo
deportivo. Una lesión, o lesiones, mala elección de los extranjeros o
miles de motivos pueden derivar en un descenso, no siempre es
consecuencia de un mal trabajo. Dos de los dieciséis equipos de la Liga
descenderán a final de temporada. Por lo tanto hay un 12.5% de
posibilidades de descender. Una empresa que es exitosa en lo económico
no tiene nunca un 12.5% de chances de que un huracán o un terremoto le
destruya el negocio. ¿Qué proyecto puede hacer a largo plazo un club
que puede descender?
¿Entonces hay que eliminar los descensos?. Las formas de franquicia
cerradas como se usan en la NBA, liga de Puerto Rico o Venezuela,
parecen no aplicables a nuestro país por algo tan intangible como
verdadero: la forma de ser y vivir el deporte de los argentinos. En
esto habrá opiniones del tipo YO SÉ, A MI ME PARECE, CREO QUE, pero hay
poco material de investigación seria al respecto.
Por lo tanto como es difícil una sentencia, mi pensamiento es: cerrar
los descensos por tres años, establecer pautas de trabajo delineadas en
común (como podría ser estadio propio al que no tiene) con mejoras
estructurales en todo sentido para todos los clubes. Es decir, no
quitar el descenso solo para zafar en lo económico, sino utilizarlo
como herramienta de crecimiento.
El TNA puede funcionar un par de años como plataforma para los
jugadores jóvenes y con ganas de jugar en grandes ligas como son la
NBDL o la CBA o la misma NCAA en Estados Unidos. Ser el campeón del TNA
no ganaría un ascenso pero podría ganarse el derecho a participar de
una competencia internacional (Liga Sudamericana por ejemplo) como
premio. El sólo hecho de eliminar el descenso tres años relajaría a los
clubes en la loca carrera salarial. Gasta la plata el que tiene para
gastarla y salir campeón, el resto no haría locuras. Un sistema sin
ascensos y descensos no mata a las ligas menores y por el contrario
fortalece con gran impacto a la Liga Superior. Un período de prueba de
tres años sería lo más aconsejable. El valor de la compra y venta de
franquicia también crecería.
No creo ver soluciones en que los clubes sean dueños de los jugadores.
Al menos no en este modelo de hoy. Para que haya un club que venda
jugadores tiene que existir un club que compre. Ejemplo: si el salario
de Juan Fagundes es de 20 mil pesos por mes en un contrato de 10 meses,
Juan Fagundes pretenderá que ese sea siempre su salario, de ahí para
arriba y es absolutamente lógico. Si un club pretende a Fagundes deberá
pagar por él 200 mil pesos de salario más lo que el club dueño de su
pase le cobre. Hoy los clubes apenas tienen el dinero justo para pagar
el nivel salarial impuesto. ¿De donde sacarían un extra para pagar
además el pase?. ¿De los jugadores que el mismo club vende?. Ese
círculo no sería beneficioso.
Es decir las reglas del mercado indican que la compra de algo tiene que
tener un fin útil. El básquetbol hoy es inútil como negocio, por lo
tanto el solo salario del jugador rige las reglas del mercado. Salvo
que el básquetbol sea un negocio entonces sí, los clubes se quedan con
los pases de los jugadores y tendrán influencia en el mercado.
La Liga Nacional requiere decisiones definitivas y dejarse de
1) echarle la culpa al país
2) echarle la culpa a los dirigentes nuevos
3) tomar decisiones que solo sean parches
4) regodearse en frases obsoletas como “la liga es para el que puede”
5) mirar el contrato de la tele como una solución
El básquetbol, mis amigos, es un juego, luego un deporte y
finalmente un gran costado lúdico en nuestras vida. El básquetbol
profesional, en cambio, no tiene nada de lúdico, es un negocio y debe
mirarse como tal.
Deberán tomar con sinceridad decisiones de fondo, proyectar y accionar
sin temor cambios que se condigan con el año 2009, con una liga que
tiene 25 años de experiencia, que ya sabe lo que no dio resultado, en
el marco de un mundo que ha cambiado en las últimas dos décadas más que
en toda la historia de la sociedad moderna. Cuando se creó la Liga no
todos tenían televisión a color, no existía el celular, ni Internet.
Tampoco se podría creer que un resfrío en México podría matar a la
humanidad.