
La camisa de Mostaza, y la nueva vida de Central, es color de rosa. Si ya había generado un impacto el debut de Merlo (3-1 a San Lorenzo), esta goleada de visitante provocó un cambio de ánimo determinante en la mitad de Rosario que sufría y se hundía y en este momento festeja y se ilusiona con mantener la remontada. El haber quedado fuera de la zona de Promoción, al menos hasta esta tarde, funcionó como una confirmación del color más amigable que domina la actualidad de Central.
Que
los próximos rivales de Mostaza tomen nota: las flores no parecen ser
eficaces para darle mala suerte. Se las tiraron en el banco antes de
comenzar un partido en el que a Central le salieron todas. Los
jugadores, rápido, entendieron el sello que el técnico intenta
imprimirle a sus equipos: bien agrupado en defensa, con las dos líneas
de cuatro juntitas y rápida salida en ataque al recuperar, casi de
contra, con tres o cuatro toques y a lastimar en el área contraria.
Esta última parte salió impecable: la contundencia de Caraglio en el
primer tiempo y la llegada al gol de dos volantes en el segundo (Méndez
y Moreno y Fabianesi) confirmaron la goleada cuando faltaba media hora
de partido... y sobre el final redondeó Vizcarra. En el aspecto
defensivo, en cambio, mostró algunas falencias llamativas en un team de
Mostaza: en especial por el sector derecho, porque Lima quedaba pagando
y Braghieri salía a destiempo. Carreras ganó por ese costado pero
Arsenal le faltó puntería para aprovecharlo, en parte por fallas en el
momento de definir y por la buena actuación de Broun, clave en el
primer tiempo. El equipo de Garnero, en cuanto al estilo, resultó la
contracara de Central: trató de buscar los espacios, tocó con
paciencia, fue demasiado tibio a la hora de lastimar. Adelante,
dependió demasiado de Leguizamón.
Fiel a su forma de ser,
Merlo no festejó los goles: aprovechó para dar indicaciones a la
defensa. Y únicamente se mostró molesto al pedirles a los laterales que
salieran con pases largos por las bandas. Un equipo de Mostaza no
convertía cinco goles desde el 17 de noviembre de 2005: River 5 - San
Lorenzo 1. "Se dio así, metimos los goles y después lo pudimos definir
de contra", aseguró, medido como siempre. "Hay que trabajar mucho,
recién llevo cinco o seis prácticas", esquivó al ser consultado por el
furioso arranque de su ciclo, ocho goles en dos partidos. Aunque no
pronuncie la frase célebre, el paso a paso mantiene su vigencia. Pero,
para Central, la vida ya tiene otro color.

INDEPENDIENTE PERDIO LA MEMORIA
Perdió 4 a 1 con Gimnasia en Jujuy.
Independiente, por su historia, siempre está obligado a pelear el título. Gimnasia de Jujuy, en cambio, desde la humildad se dedica a luchar para zafar del descenso directo y/o Promoción. Pero si algún paracaidista vio el partido de ayer en la Tacita de Plata, no podría entender cómo el Rojo podría tener esas aspiraciones y cómo el Lobo está tan delicado con el promedio. El local parecía un Fórmula Uno veloz, ordenado, asfixiante, prolijo, profundo, ganador. El equipo de Santoro lucía como un Fitito con GNC que se empieza a destartalar cuando cruza la General Paz. Ya había sido pobre lo de Independiente en Tucumán (0-3) y triste la actuación al visitar al Lobo platense (0-2). Y lo de ayer, ¡un horror! No se entiende porqué difiere tanto el juego que despliega al recibir a Racing y a Boca, por ejemplo, de su rendimiento pasando los 60 kilómetros de la Capital Federal.
Hubo
méritos del local que ayudaron para hundir al Rojo, porque rodeó al
Rolfi, con Mateo como abanderado, y le cortó el circuito a
Independiente. Anulado Montenegro, no había quién tomara la conducción,
faltaba alguien a quién no le quemara la pelota. Ledesma fallaba hasta
un pase de un metro, Mancuello no aparecía, Mareque no se proyectaba
(cuando lo hizo, perdió
, Moreira se preocupaba por tapar los errores
de Ledesma. ¿Pusineri? Nada. Y así el Rojo no avanzaba y Sosa y Mazzola
estaban más cerca de la mitad de la cancha que de Pezzutti. Encima,
Ledesma colaboraba para que el Lobo se pusiera en ventaja con una
macana infantil: el volante se desligó de una pelota que estaba en el
aire, miró al rival, la bocha le pegó en la espalda y se la dejó
servida a Cahais para que definiera. Guillermo Rodríguez también fue
solidario con el rival: Ricky Gómez llegó a la línea del fondo, amagó
con tocarla al punto del penal, el central se comió la avivada del 10,
que se la terminó dando a Ferradas. ¿Cómo reaccionó Rodríguez?
Levantando la mano, pidiendo offside cuando había sido un pase atrás.
Estaba totalmente fuera de concepto. ¿Soluciones? Santoro las buscó
haciendo dos cambios estando ya 0-2: volante (Gavilán) por volante
(Ledesma) y enganche (Higuaín) por delantero (Sosa). Pero esa búsqueda
no sirvió de nada, porque tuvo más la pelota, es verdad, pero Gimnasia
siguió siendo el único dominador: Gómez y Busse estuvieron terribles;
Ferradas y Arraya, incontenibles. La presión funcionó y dio frutos. Y
la gente disfrutó con el "uy uy uy uy, están bailando con Gimnasia de
Jujuy".
El Rojo salió a dar otro paseo por el Norte. Sufrió una ciclotimia futbolística. Y sí, fue a hacer turismo.