"Quien mal anda, mal acaba" dice un viejo refrán y es válido para el
equipo argentino de Copa Davis. Porque lo que culminó en la final con España
fue el producto de desmanejo de dirigentes, jugadores y cuerpo técnico, sumados
a la defensa de "kiosquitos" donde siempre se dejó de lado la
camiseta.
LA LUCHA POR LA SEDE
En todo el proceso de designación de la sede de la final, se
vio una lucha entre jugadores y dirigentes que tomaban partido para uno u otro
lado.
Así, Nalbandián anunció públicamente su apoyo a la sede Córdoba madrugando a
sus compañeros, lo que motivó la molestia de Del Potro que le salió al cruce a
apoyar a Mar del Plata.
Ninguno de los dos tenía razón. Elegir la sede es una decisión exclusivamente
dirigencial y los jugadores nunca deberían haber opinado, como no pueden opinar
cuando les toca jugar en otros países.
LA GUERRA DE LOS EGOS
Es evidente que entre Nalbandian y Del Potro hay una guerra de egos. Al joven
Del Potro siempre le molestaron las prerrogativas casi "riquelmianas"
del cordobés como cuando eligió la superficie y no se preocupó por ocultarlo.
El error -garrafal- fue del capitán Mancini, quien debió haber hecho valer su
condición de tal y no preocuparse por lo que diga tal o cual periodista.
Por su parte Nalbandián siempre criticó la decisión de Del Potro de jugar el
master de Shangai y no priorizar su preparación para la Davis.
LA SUPERFICIE
A la luz de los acontecimientos la elección de la superficie fue un error. Todo
se hizo pensando en molestar a Nadal, que finalmente no estuvo, pero en ese
intento, potenciaron las posibilidades de Feliciano López, que sin la presión
de tener ganar, se movió en esa cancha como pez en el agua. Para completar
Mancini, tuvo que recurrir para el partido clave a Acasuso que debió jugar en
una superficie que nunca le resultó cómoda.
EL DINERO
Los jugadores argentinos tuvieron problemas entre ellos por el reparto de los
premios. Nalbandián, cansado de algunas actitudes se cortó solo para reclamar
por un reparto diferente, lo que desató la ira del presidente de la Asociación Argentina
de Tenis, Enrique Morea, quien sin nombrarlo, afirmó que a los tenistas solo
les importaba la plata. La respuesta de Del Potro fue inmediata: "Yo no
necesito más de lo que tengo" afirmó, dejando otra vez mal parado a
Nalbandián.
LA PELEA
Más allá de que haya existido o no, la pelea en los vestuarios entre Nalbandián
y Calleri luego de la derrota en dobles, nadie ignora que el unquillense no
quería a este compañero. Su elección era su amigo Acasusso y así se lo hizo
saber al capitán Mancini, quien esta vez decidió no hacerle caso a su raqueta
número 1.
Si bien Calleri se encargó de desmentir el problema, lo cierto es que
Nalbandián malhumorado se retiró del estadio sin concurrir a la conferencia de
prensa, a sabiendas que eso le costaría 10.000 dólares de multa. El equipo ya
estaba quebrado.
NO JUGARON LOS QUE ESTABAN EN MEJORES CONDICIONES
Del Potro sin duda, priorizó el dinero y la gloria de participar en el Master
de Shangai y llegar a Mar del Plata lesionado y con las horas contadas, luego
de un vuelo de cerca de 30 horas.
Pero fue el capitán Mancini, quien obvió poner a los que estuvieran en mejores
condiciones, colocándolo en cancha frente a Feliciano López, en un partido que
el argentino ni siquiera pudo finalizar sin lesionarse.
Otro error de Mancini fue haber continuado con una plaza libre en el equipo sin
completarla como podía hacerlo reglamentariamente, tal vez envalentonado por el
clima triunfalista que lo rodeaba.
EL EXITISMO
El público argentino, que empezó bien y terminó insultando a los españoles en
otra muestra más de lo mucho que nos falta aprender, pensó que España venía a
regalar la ensaladera, en lugar de jugarla.
Que el público pensara eso no hubiera sido nada. Lo grave fue que también lo
asumieron la mayoría de los periodistas deportivos y hasta algunos jugadores, e
incluso el capitán del equipo argentino.
Esto le quitó toda la presión al equipo español, que con modestia y mucho amor
propio, además de excelentes jugadores se terminaron llevando la copa.
FUERON ARGENTINOS
No hay dudas que dirigentes, cuerpo técnico y jugadores fueron argentinos. En
este país de falsas dicotomías: Boca y River o Menotistas y Bilardistas por
nombrar solo algunas, endiosamos a los ídolos deportivos cuando creemos que
ganarán y los destruimos cuando pierden.
El grotesco enfrentamiento final entre algunos periodistas que se creen dueños
de la verdad y un equipo argentino derrotado en la última conferencia de prensa
habla a las claras de como somos.
Tenemos serios inconvenientes para lograr algo colectivamente, no solo en el
deporte, lo mismo sucede en lo social, lo político, etc. Tal vez en esa
incapacidad de jugar cada uno el rol que nos toca, sin preocuparnos quien es el
número 1, resida la verdadera razón de este doloroso final, donde había todo por
ganar, pero también mucho por perder, sin que lo entendiéramos hasta la última
pelota.
