
La nota publicada por el diario que dirige Jorge Lanata, es la siguiente:
El teléfono celular de Gustavo Alfaro sonó y el técnico despedido tiempo atrás de Arsenal de Sarandí se apuró a atender, sin necesidad de recurrir a la agenda para identificar a quien intentaba contactarlo. Del otro lado de la línea, la voz embutida de Julio Humberto Grondona le ordenó: “Tenés que agarrar Central. Me llamó Usandizaga y se comprometió a hacerse cargo de la deuda que tenemos con vos”. Así comenzó la verdadera historia del rafaelino en el Canalla, un día después de haberse negado rotundamente a ponerse al frente del plantel, y llegando a este presente en el que no se cansa de denunciar pobreza franciscana entre el grupo de sus dirigidos.
La deuda a la que hizo referencia el presidente de la AFA asciende a 350 mil dólares y corresponde al premio que Alfaro acordó en su momento con los dirigentes de Arsenal –que es lo mismo que decir con la familia Grondona- por coronarse en la Copa Sudamericana del año pasado. Esa cuenta pendiente fue la que tensó la relación entre Don Julio y el entrenador, a tal punto que llegó a decirse que Lechuga ya no dirigiría en el fútbol argentino a causa de sus diferencias con Grondona.
Acuciado por los resultados que el equipo tuvo bajo la conducción de Pablo Sánchez, que dejaron a Central otra vez comprometido con el descenso, Horacio Usandizaga utilizó su buena llegada al titular de la AFA y le tiró la propuesta de responder por la morosidad del club de Sarandí, convencido de que Alfaro era el técnico que sacaría a la institución que él preside de las ruinas futbolísticas.
Sólo de esta manera se entiende que el actual conductor táctico canalla haya aceptado el cargo aquel 9 de octubre al mediodía, tras una breve reunión con el Vasco, cuando 24 horas antes había declinado el ofrecimiento que le hicieron los directivos Juan Carlos Di Felice y Matías Mohamed, junto al asesor legal e hijo del ex intendente, Manuel Usandizaga.
“Es una locura tomar este plantel con diez fechas por delante. A mi entender, faltan cubrir muchos puestos de la cancha y no puedo hacerme cargo de un proyecto del que yo no participé en su armado”, fue el argumento que el ex DT de Quilmes, Olimpo y San Lorenzo les tiró sobre la mesa a los integrantes de la comitiva que intentaron seducirlo en primer término. A la tarde del día siguiente, Usandizaga padre presentaba a Alfaro en conferencia de prensa como “el técnico del próximo Central campeón”.
¿Qué hizo cambiar de opinión al circunspecto entrenador respecto del grupo de futbolistas auriazules? Nada. Sigue pensando lo mismo y los hechos parecen darle la razón: sobre cinco partidos bajo su dirección, el equipo perdió cuatro. Es más, Alfaro no deja pasar oportunidad de poner en evidencia ante cada micrófono encendido que a su plantel le falta jerarquía. Y ya reclamó seis refuerzos para la temporada 2009.
“Yo no entiendo cómo se puede formar tan mal un grupo de jugadores para afrontar un campeonato con riesgo de descenso; ni a propósito”, suele decirles Alfaro, sin grabador de por medio, a los cronistas que cubren las prácticas de este Central caído en desgracia. Mientras, el DT piensa en los volantes Andrés San Martín y Diego Lugano y en el delantero Mauro Óbolo para reforzar su anémico grupo de trabajo para el 2009.