CONFLICTO BARCELONA-AFA: MESSI ES SOLO EL PATO DE LA BODA
La realidad es que detrás de la cesión o no del jugador para Beijing, se esconde la guerra por el poder entre la FIFA y la Asociación de Clubes Europeos.
Todo comenzó en 2002, cuando 14 clubes europeos de 7 países se unieron en lo que se conoció como el G-14, luego ampliado y que posteriormente se transformó en la Asociación de Clubes Europeos.
Uno de sus principales reclamos fue el de obtener un resarcimiento económico cada vez que una selección utilizara alguno de sus jugadores, ya que sostenían –tal como lo afirmó Alberto Gandini, directo deportivo del Milan- “Nosotros le pagamos el sueldo a los jugadores por 12 meses, pero otros se llevan a nuestros empleados y los usan para ganar dinero, pero nosotros no recibimos nada a cambio”.
Esto derivó en un enfrentamiento, tanto con la FIFA como con la UEFA, que catalogaban a los reclamos de infundados, haciendo hincapié que lo que buscaban los clubes más ricos de Europa era meter baza en las competencias internacionales y quedarse con una porción del negocio que no les pertenecía.
El G-14 contratacó y amenzó con realizar una “Superliga” europea por separado, con los principales clubes del viejo continente, reclamando 860 millones de dólares de indemnización por los jugadores cedidos en los ùltimos 10 años e iniciando acciones legales.
La sangre no llegó al río porque en la UEFA desembarcó Michel Platiní y consiguió un acuerdo entre el G-14 y la FIFA, que le permite a los clubes recibir de las respectivas Federaciones dinero cada vez que se ceden jugadores, que solo por el Mundial de Sudáfrica le reportará a los clubes unos 110 millones de dólares.
A buen entendedor pocas palabras. Tanto la UEFA como la FIFA arreglaron el problema sin plata, porque esta saldrá de lo que hubieran ganado las respectivas federaciones.
Como contrapartida, el G-14 fue disuelto para formar la Asociación de Clubes Europeos con más de 100 equipos de 53 países, aunque los 14 originales se cuidaron muy bien de quedarse con el comité ejecutivo.
Este fue el fin de la primera batalla, pero no de la guerra. La ahora Asociación, una pantalla para ocultar al siempre voraz G-14 sigue exigiendo la indemnización mencionada y quiere reformular las competencias internacionales y las “fechas FIFA” a su gusto y paladar.
En este contexto, hay que analizar el conflicto con Messi y el bajo perfil del jugador y de la AFA en él.
La FIFA ha amenazado al club catalán –miembro del Comité Ejecutivo del G-14- con una sanción tan efímera como inútil, porque en este mundo de mentiras y dinero, todos saben que el pobre “Lío” es solo el pato de la boda.
La verdadera batalla es por el poder y el dinero, y esta se definirá cuando la Comisión del Estatuto del Jugador se reúna el próximo martes en Zurich. Si apoya a la FIFA, Messi estará en los Juegos Olímpicos, de lo contrario los mirará por televisión, pero en cualquier caso, alguien se habrá quedado con una cuota más de poder, y como se sabe, eso en el fondo, representa más dinero.

