Más allá de las consideraciones futbolísticas, lo que se ve en la cancha es el fiel reflejo del desaguisado político-institucional del club.
Sin querer entrar en comparaciones, lo que se vio ayer en el estadio de Patronato eran, a las claras, dos caras de una misma moneda.
Por un lado, el equipo local, trabajado futbolísticamente con un plantel que sin ser brillante, muestra individualidades de peso y sabe lo que quiere en la cancha y por el otro, un grupo de voluntades (que no llegaron a ser once) que con arrestos individuales intentaban lo imposible: cambiar el curso de la historia.
Pero las diferencias no terminaban allí. En las tribunas locales alrededor de 8.000 personas colmaban las gradas mientras la tribuna visitante se mostraba casi vacía, solo ocupada un pequeño grupo de hinchas fieles, que aún hoy acompañan a Textil Mandiyú.
Institucionalmente, las diferencias son alarmantes. Patronato es una institución seria, cuyos dirigentes, con un proyecto definido han trabajado duramente en los últimos años para devolverle el brillo que tuvo otrora, y así, el optimismo reina entre jugadores, dirigentes y simpatizantes.
Apenas llegamos a Paraná nos sorprendió la nota del diario Uno que daba cuenta que se esperaban 15.000 personas en el estadio y a poco de andar, vimos afiches a todo color que empapelaban la ciudad anunciando la realización del partido.
El estadio también ha sido recuperado, recién pintado, con iluminación y una infinidad de carteles publicitarios de empresas de primer nivel que apoyan a la institución.
Pero decíamos que lo de Textil fue el fiel reflejo de su actualidad. Una vez más la delegación fue encabezada por personas que no pertenecen al club y cuya única cualidad parece ser la de formar parte de un círculo cada vez más pequeño que maneja los intereses del Albo.
El desembarco del autodenominado Grupo de Apoyo, que en un primer momento fue presentado como la alternativa económica del club, se ha convertido con el correr de los días en un nuevo fracaso, no solo futbolístico, sino institucional, produciendo el alejamiento de los pocos dirigentes que aún permanecían fieles al presidente Félix Soto y la mayor de las diferencias con el alma mater de la Institución, Don Eduardo Seferián.
A tal punto ha llegado la situación, que es un secreto a voces, la decisión de Don Eduardo de pedirle al Club que abandone el predio y la sede que ocupan, cuya titularidad ostenta la empresa textil de Seferián.
Así, una vez terminado el campeonato, de no mediar novedades, Textil Mandiyú se habrá quedado sin lugar para entrenar, sin sede social y sin dirigentes, quedando, lo poco que pueda salvarse en manos de un grupo empresario que nunca participó, no solo de la vida del club, sino de ningún emprendimiento deportivo.
Mientras tanto, el presidente Félix Soto parece encerrarse en un autismo, sin dar ningún tipo de respuestas a las necesidades actuales.
ELECCIONES
Aproximadamente en mayo del corriente año, las autoridades que aún permanezcan en el club deberán llamar a elecciones y la oposición suma cada vez más voluntades para producir un cambio que a esta altura aparece como la única alternativa.
El oficialismo, que nunca presentó balances o información financiera de su gestión, deberá hacerlo como paso previo al llamado a elecciones y de intentar evitar una u otra cuestión solo apurará un final que nadie quiere: la intervención o la desaparición del club.
Resta saber que decisión tomará Eduardo Seferián. Sabido es que siempre quiso la unidad para “su club”, pero eso aparece hoy como un ensayo de ciencia ficción cuando las posiciones de unos y otros aparecen como irreconciliables.
Así, al que fuera creador y principal apoyo del club solo le quedarán dos caminos, apoyar a uno de los grupos (oficialismo u oposición) o retirarse definitivamente viendo dolorosamente, como su querido Mandiyú desaparece como institución.
LO DEPORTIVO
A todos los errores mencionados, se deben sumar las equivocaciones cometidas a nivel deportivo.
Aún recuerda, quien esto escribe las palabras de Aniceto Roldán al asumir con director técnico, dando cuenta que con el plantel con el que contaba el campeonato sería un trámite y el ascenso estaba asegurado.
Parece que hubiera sido hace un siglo, pero esta muestra de optimismo desmedido ocurrió hace solo cuatro meses.
Roldán, que según sus propias palabras se sintió defraudado por la actitud del presidente Soto, ya no está en el club y tampoco algunos de los jugadores que prometían un ascenso sin inconvenientes y terminaron yéndose por la puerta de atrás debido a su bajo rendimiento.
Su lugar lo ocupa Diego Cruciani, un ignoto director técnico que prácticamente no dirigió en el país y que llegó, al igual que Roldán de la mano del Grupo de Apoyo, que hoy parece regir los destinos del club.
Con este nuevo desembarco, han llegado cinco nuevos refuerzos y es curioso es concepto de “refuerzos” que hay en el algodonero. Cada vez que llegan, inmediatamente se transforman en jugadores titulares relegando a los que venían jugando.
Sumado a esto, el cambio de director técnico y de esquema de juego, el tiempo de trabajo aparece como una necesidad imperiosa, pero al Albo el tiempo se le escurre entre los dedos, ya que no solo el ascenso aparece como la posibilidad más lejana, sino que la actualidad demuestra que es necesario empezar a pensar en no perder la categoría.
LA HINCHADA
Hoy, la nutrida parcialidad algodonera aparece como lo más importante de la Institución.
A pesar de la crisis del club que hace eclosión con cada derrota deportiva, la conmovedora hinchada del Albo continúa acompañándolo en todas sus presentaciones.
Cada vez son menos, es cierto, pero hay un grupo importante que siempre está.
EL FUTURO
A la luz de todo lo que analizamos el futuro de Textil Mandiyú no aparece como venturoso, sin embargo, siempre hay alternativas, si la gente que quiere al club, puede juntarse, dejando de lado pequeñas diferencias y presentar un proyecto serio y coherente.
La pasión, ese elemento fuerza del todo proyecto deportivo, es lo que a la gente del Albo le sobra.
Los que se equivocaron deberán entender que su tiempo pasó, los que vengan, que ya no hay tiempo para más errores.
Como dice un viejo refrán “al que le quepa el sayo, que se lo ponga”. Nadie puede hacerse el distraído. Ni los dirigentes actuales, ni los pasados, ni el Grupo de Apoyo, ni Eduardo Seferián, ni la hinchada, porque este Textil Mandiyú en terapia intensiva necesita de todos.
Si eso se entiende y se trabaja a destajo y con grandeza, tal vez veamos un nuevo resurgimiento de Mandiyú, de lo contrario, estaremos presenciando un TRISTE Y SOLITARIO FINAL.
Por Miguel Angel Tasca (enviado especial a Paraná)