Venció agónicamente a Godoy Cruz por 2 a 1, luego de ir perdiendo.
Los cardiólogos tucumanos se frotan las manos. Los hinchas de San Martín viven con el corazón a mil, palpitando hasta explotar a medida que pasan las fechas y el equipo gana con episodios recurrentes de angustia. La película de anoche ya se había visto en La Ciudadela: la caballería atacando con todo, apretada por el reloj e impulsada por la multitud, y la aparición del héroe en tiempo de descuento para desatar la locura.
Luciano Krikorian -otra vez- destrozó los electrocardiogramas con un frentazo de antología y los mendocinos se marcharon con la cruz de una derrota que creían espantada.
Ese gol, catártico e inolvidable, le devolvió al equipo de Carlos Roldán la punta en soledad y generó la fiesta que ya es usual en Bolívar y Pellegrini; la celebración del grito feliz y desaforado, la del sueño que se alimenta a fuerza de triunfos. No pudo ser más auténtica la despedida de los hinchas -hasta febrero-, porque San Martín ya se acostumbró a estos argumentos que bordean la tragedia y culminan con final feliz.
Claro que antes de la celebración se había jugado un partido, que a San Martín le costó un Perú. Godoy Cruz fue ordenado y se preocupó más por la contención que por el ataque. Lo hizo bien, y complicó al dueño de casa con la sólida producción de Nicolás Olmedo y de Matías Aguirre. El “santo” fue puro empuje y terminó ganando con justicia por esa irrenunciable vocación de ir al frente hasta el último instante.
Del primer tiempo quedó un penal no sancionado por Néstor Pitana por infracción a Leone (había sido en el área y la cobró afuera) y algunas llegadas del local. Pero Godoy Cruz, que no había inquietado en los 45’ iniciales, se encontró con el 1-0 en el arranque del complemento, con un zapatazo infernal de Martín Fabbro.
Cundió el desconcierto en San Martín y Caffa tapó el segundo en un mano a mano con el propio Fabbro. En el peor momento del equipo llegó el empate, gracias a un penal bien pateado por el “Ratón” Ibáñez (por foul a Oviedo, muy discutido por los cuyanos).
La salida de Olmedo, por lesión, le vino bien al “santo”, que metió a Godoy Cruz en su campo y repiquetó en el área rival. Hasta que en el epílogo desniveló Krikorian y explotaron los corazones.
Fuente: lagaceta.com.ar
Foto: quorumtuc.com.ar