La sanción al jugador Luciano Leguizamón por haber intercambiado la camiseta con Sebastián Verón en el último clásico es el último eslabón de una cadena de ¿desaciertos? de los dirigentes platenses.
Luego de las amenazas del presidente de Gimnasia al árbitro Daniel Gimenez y la posterior pobre sanción de la AFA, la situación en una de las más importantes instituciones del futbol argentino va de mal en peor.
Ante la innación o la complicidad de la AFA, los barras apretaron, el años pasado, a los jugadores para que vayan a menos ante Boca y perjudicaran a su rival Estudiantes de la Plata.
En esa oportunidad, los jugadores se quedaron solos. Nadie los apoyó. Y no es fácil enfrentar solo a personas que están convencidas que las ley son ellos.
Luego, la semana pasada, durante una asamblea para analizar el balance del club, los mismos barras bravas se hicieron presente y la reunión terminó de la peor manera. Un socio cayó muerto de un paro cardíaco.
Este muerto, no sumará a la larga lista de hinchas caídos en los campos de juego de la Argentina, pero no hay duda que lo mató la corrupción que envuelve a nuestro fútbol.
Ahora, y como frutilla del postre, Leguizamón ha sido separado del plantel, por cometer el "delito" de intercambiar la camiseta con un jugador de Estudiantes.
Otra vez, nadie salió en su defensa, ni el técnico Falcioni, que como Troglio cuando apuraron a sus muchachos, metió violín en bolsa, ni sus compañeros y mucho menos algún dirigente.
Por supuesto, es más fácil sancionar a un jugador que hace que el fútbol se vea como un deporte y no como una guerra, que enfrentar a los barras que finalmente son la fuerza de choque de la mayoría de los dirigentes del fútbol argentino.
De a poco irán desapareciendo los protagonistas de esta historia: Daniel Gimenez, que tuvo la osadía de hacer una denuncia policial, ya no es àrbitro, Juan José Muñoz es hoy un presidente de licencia, aunque nadie duda en La Plata que sigue manejando el club. Troglio buscó un nuevo club y lo mismo hará Leguizamón. Si Falcioni continúa callado seguirá su mismo camino.
Todos pasarán, solo quedarán los barras para seguir presionando, maltratando y matando, y el pope mayor Don Julio, atornillado a su sillón mientras el futbol agoniza.
Así estamos. Una AFA rica con clubes quebrados no es una casualidad. Todo tiene tiene que ver con todo.
Por Miguel Angel Tasca (Todo Deportes)